La noche anterior a mi primer día en la universidad, mis nervios trataban de darle un mal descanso a mi mente, pues las ganas de pisar el campus era una experiencia nueva. A la media hora de poder tranquilizarme, pude acostarme y esperar a que amaneciera.
Eran las 5:00 am y estaba de pie junto a mi cama lista para bañarme y organizar mi vestuario. Pasaban los minutos y cada vez me mentalizaba para tener un día maravilloso. Luego mi madre me acompaño en mi trayecto para llegar al campus, cosa que me alegra y me enorgullece.
Al bajarme del bus, estaba un poco perdida y me encontré con una compañera que hizo de mi alguien segura para afrontar este reto. El día fue chevere y no paso particularmente nada extraño. Ese fue mi día en la U.
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